sábado, 27 de julio de 2013


La planificación.
En anteriores viajes, había tenido la oportunidad de recorrer los diversos senderos que ofrece la denominada "Sierra de Comechingones", formación montañosa con una altura máxima promedio de alrededor de 2000 metros que forma parte del límite entre las provincias argentinas de Córdoba y San Luis.
Estos viajes habían sido todos ingresando a la zona en camionetas “todo terreno”, y con las particularidades de este tipo de travesías motorizadas, que exigen por lo general largas jornadas de exigente conducción, concentración y apego a la ruta prefijada, compartiendo el viaje con varios vehículos; algo bastante “técnico” y de cierto requerimiento físico, nada de lo cual iba a ser el caso para este viaje familiar a Merlo (SL).
Procurando hacer algo interesante en ese hermoso y agreste territorio, ideal para actividades con una naturaleza más o menos salvaje como marco, fui elaborando una búsqueda orientada al senderismo liviano para, llegado el caso, poderla compartir familiarmente.
Siguiendo ese plan, encontré una opción bastante atractiva por lo cercana al sitio de salida, por lo breve teniendo en cuenta el estado físico de los eventuales participantes y, obviamente, por lo panorámico de las vistas.
El mapa del GPS, mostraba un sendero peatonal que va desde el llamado “Puesto del Tono” y hasta el “Pueblo Escondido”, todo lo cual se encuentra en un radio de alrededor de 15 kilómetros a partir de la ciudad de Merlo.
El primero de estos lugares, es una sencilla construcción de piedra, maderas y chapas de zinc donde el propietario (el "Tono" Albornoz) y su familia trabajan un rústico "comedor – restorán –empanadería" abierto a todo público (que se anime a llegar), rodeado de un bello paisaje y con animales de granja y chivitos que deambulan por todo el predio.
El segundo sitio es el mítico “Pueblo Escondido”, una antigua mina de wolframio abandonada y que actualmente funge como refugio de montaña, administrado por el Sr. Carlos Serra; este caserío abandonado, ubicado en medio de uno de los valles de la fracturada geografía serrana, está atravesado por el Arroyo del Tigre y se ha convertido en uno de los sitios de visita obligada por parte de los clubes de vehículos todo terreno, enduro, cuatris, etc. que pululan a lo largo y ancho del país.

En definitiva, ese fue el sendero elegido para recorrer en alguno de los días de vacaciones que tendríamos en la pintoresca ciudad de Merlo (SL), enclavada en el Valle de Conlara y justo al pie de la Sierra de los Comechingones.

Los días previos.
Llegados el lunes a la tarde, el panorama de una sierra con sus cumbres nevadas, si bien era muy lindo desde lo paisajístico hacía presagiar que la ruta provincial 5 (esa que sale de Merlo “hacia arriba”) no estaría habilitada por el hielo que se forma en su calzada.
El martes estábamos todos dentro de la camioneta, disfrazados de extremos montañistas y, aparentemente, decididos a encarar la aventura. O eso era al menos lo que yo quería creer cuando el previsible hielo y la ruta cortada, obligó a un cambio de planes. Fue así que decidimos rodear las serranías, ya que no existe paso franco de una provincia a otra sino a la altura de la ciudad de La Punilla, casi 100 kilómetros al sur de Merlo (SL), exactamente donde finaliza el cordón montañoso.
Luego, y tras un breve recorrido hacia el este, en dirección hacia la ciudad de Rio Cuarto, volvimos a subir hacia el norte, por la ruta que cruza el pueblo de Alpa Corral y sigue “hacia arriba”, internándose en medio del macizo de piedra. Intentamos llegar por esta vía hasta el ansiado sendero, pero el viaje se transformó en la dura travesía que queríamos evitar y tras algunos tramos con piso fuertemente irregular y verdaderamente exigentes para el vehículo desistimos, emprendiendo el regreso hacia la seguridad y el confort urbano que nos esperaba en San Luis.
El miércoles al mediodía nos encontró en un nuevo intento, en el Puesto del Tono, donde descubrimos que para esta clase de senderismo se requiere de un mínimo de preparación física por lo que, tras un breve paseo a la cascada llamada “Salto del Tigre”, distante unos 500 metros del puesto, se decidió "por unanimidad" que el trayecto más largo hasta el Pueblo Escondido lo haría yo solo, saliendo al día siguiente bien temprano.
Y eso, en definitiva, fue lo que ocurrió el día jueves y lo que dio lugar a este breve diario de viaje y fotos.

El sendero.
A eso de las 9 llegué al "Puesto del Tono" rodeado de una mañana simplemente perfecta; llegar insume un viaje de unos 30 minutos, que puede hacerse en cualquier clase de vehículo, aunque teniendo mucha precaución en los últimos 800 metros del recorrido, que ciertamente implicarían algún rigor especial para las amortiguaciones de un auto común.
Pude saludarme e intercambiar algunas palabras con el dueño del lugar, persona muy amable y de agradable trato que me comentó que el trayecto está previsto para hacerse en alrededor de una hora o una hora y media, según el caso. El día se presentaba soleado y fresco lo cual, según me parecía, era lo ideal para andar en medio de toda esa inmensidad.
Y, por suerte, así fue.
A las 9 y cuarto comencé la caminata, atento al GPS de mano y bastante abrigado para la ocasión con las tres consabidas "capas" de remera, buzo y campera.
Si bien al inicio, y siendo esta mi primera experiencia en senderismo, me costó encontrar esos caminos tenuemente insinuados en medio de la rala vegetación y los bruscos afloramientos rocosos, pasando la zona del puesto, donde hay muchas huellas trazadas por los curiosos turistas que recorren las inmediaciones, el trayecto se hace bastante más claro y fácil de seguir, aunque surjan infinidad de distracciones y bellezas naturales que conspiren contra un buen promedio de tiempos para el recorrido.
Es que todo por allí merece ser fotografiado, e inclusive el silencio, que aquí y allá suele ser picado y contorneado por el canto de algún carpintero fugaz, vale la pena de ser oído.
Repentinamente, en medio de la senda, aparece una "tapera" íntegramente construida con piedras, apiladas en idéntico modo que esas pircas que atraviesan el paisaje por doquier.
Poco antes de las 10, comenzó a dejarse ver, en abrupto tajo del arroyo, el deseado destino del paseo; era el "Pueblo Escondido", que yacía deshabitado en medio de las sombras de aquella mañana invernal. Para llegar a la meta, debía encarar una bajada en breves caracoles tallados en la ladera del cerro, la cual supuse se complicaría al momento del regreso, cuando el trayecto fuese “hacia arriba”; pero ya sería otro el momento de ocuparse de esos temas; es que ahora, la emoción transcurría plena teniendo a la vista el primero de los momentos anhelados.
Eran las 10 y cuarto cuando, finalmente, accedí al caserío desde el oeste, por el área de acampe y a través de las vetustas construcciones, donde el concesionario autoriza a los viajeros a armar el fuego de los inolvidables asados en las noches del Pueblo Escondido. Un par de veces me tocó participar de ese ritual pagano de carnes cocidas y sabrosos tintos, todo al reparo de un cielo cuajado de estrellas y recortado en los dos flancos por los cordones que celosamente rodean al Tigre, confinándolo a la profundidad de su breve valle.
 
El "Pueblo Escondido" se encuentra dividido en dos conjuntos arquitectónicos, uno de cada lado del arroyo. El primero en visitarse desde el sendero peatonal es el reservado para camping, de cuyas ruinas se recicló un gran salón que sirve de cocina y de comedor para los acampantes. Cruzando el primero de los puentes colgantes que une ambas orillas, perfectamente reparado a nuevo por la concesión, arribé “al otro lado” del pueblito, otro caserío en lentísimo y perpetuo reciclaje donde está situado el restorán y el albergue, y donde desembocan los dos caminos de acceso para camionetas: El que baja desde Merlo y Vallecitos por un lado, y los míticos "caracoles" por el otro.
Era el momento de estirar un poco las piernas, en medio de la contemplación de esas laderas llenas de bocaminas e historias; sólo un minino del lugar me dió su "interesada" bienvenida, la que de todos modos fuera complacida por mí, mediante la entrega de alguna galletita, deslizada como tributo a su esquiva compañía.
 
 
Al poco rato llegó uno de los puesteros del lugar y, poco después, lo hizo el Sr Serra, quien es el amable concesionario del sitio. Fue así que luego de un reparador café, servido en medio de una interesante charla que discurriera entre viajes, personas y personajes, decidí emprender el regreso; eran alrededor de las 11 y cuarto de la mañana.

A poco de salir, me esperaba aquella misma y empinada bajada, transformada ahora en una desafiante “subida”.
La hora, el sol y el mayor esfuerzo hicieron que se comenzara a sentir por demás el abrigo, por lo que al regreso debí hacer escala en aquella fantasmal "tapera" para alivianar un poco el ropaje. Sólo una remera de manga larga y un sombrero para evitar la resolana en los ojos, fueron más que suficientes para completar la interesante travesía, donde todo lo visible parecía pedir ser retratado. 
  
Debo reconocer que de regreso, puede concentrarme algo mejor en el sendero, sin perder su pista con tanta facilidad como me sucediera a la ida y pudiéndolo hacer de manera bastante más directa; en ese sentido pude reconocer varias marcas dejadas por los guías profesionales que llevan pequeños contingentes de manera diaria, saliendo de la ciudad de Merlo (SL) para iniciar el recorrido que yo a esa altura, siendo pasado el mediodía, ya estaba concluyendo.

Epílogo.
El regreso a la ciudad, en absoluta soledad y con música de “The Alan Parson Project” sonando con un volumen un tanto alto a través de los parlantes de la camioneta, me permitió transitar algunos segmentos sueltos de la vida, zurcidos en medio de remembranzas y anhelos, entre cosas que no fueron y otras que sí todas las cuales, agolpadas en punzantes emociones, me hicieron prometerme a mí mismo un pronto y seguro regreso a este típico lugar de ensueño.




1 comentario:

  1. Te felicito por el relato y el paseo....no siempre se tiene que hacer en chata para poder disfrutarlo....

    que lindo el regreso en la bajada a Merlo para doblar fuerte con la Amarok!!!

    Esperamos poder conerte a vos y tu familia si vienen en Septiembre a Necochea para el encuentro de Amarokers....te mando un abrazo, Pablo (PCPRO) desde la mejor playa Argentina.

    ResponderEliminar